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Catálogo / Autores / Mankell, Henning


NOTAS BIOGRÁFICAS

Henning Mankell (Estocolmo, 1948) es conocido en todo el mundo por su serie de novelas policiacas protagonizadas por Kurt Wallander, traducidas a treinta y siete idiomas, aclamadas por el público, merecedoras de numerosos galardones (como, entre nosotros, el II Premio Pepe Carvalho) y adaptadas al cine y la televisión (entre otros, por el actor Kenneth Branagh). Tusquets Editores ha publicado la serie completa, junto a otras doce obras, entre ellas el thriller titulado El chino. Con Huesos en el jardín se cierran los casos protagonizados por Wallander o relacionados con él: Asesinos sin rostro, Los perros de Riga, La leona blanca, El hombre sonriente, La falsa pista, La quinta mujer, Pisando los talones, Cortafuegos, Antes de que hiele (protagonizado por Linda Wallander), Huesos en el jardín y El hombre inquieto, además del volumen de relatos La pirámide, que recoge las investigaciones del joven Wallander, previas a la serie completa. Con ocasión de la publicación de esta obra, Henning Mankell ha escrito un posfacio en el que narra su relación con el aclamado detective a lo largo de los años.
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INFORMACIÓN COMPLEMENTARIA

  • Opinión de la prensa
  • El espejo del crimen

    entrevista a Henning Mankell

    por Martín Solares

     

    Después de una espera llena de suspenso, al fin podremos leer en castellano a Henning Mankell. Parece mentira que uno de los más prestigiosos escritores suecos haya sido traducido a otros veintidós idiomas antes que a la lengua española. Sin embargo, Mankell no pudo quedar en mejores manos: Tusquets publicará sus novelas policiales en la misma colección que incluye a otros clásicos del género, como Simenon, o como Sue Grafton y Leonardo Padura.

    Siruela tradujo asimismo El perro que corría hacia una estrella, anunciándola como la primera entrega de una tetralogía para jóvenes. Esta novela se basa en la niñez de Mankell que, como el protagonista de su libro, también tuvo una infancia solitaria: "Yo tampoco conocí a mi madre -dice el narrador- hasta que tuve quince años de edad. Eso contribuyó a crear una situación donde yo tenía que ser mi propia madre". Como resultado de esa niñez, Mankell escribió esta novela sobre los retos y aventuras de la infancia, donde el pequeño héroe debe examinar a cada paso, sus nociones sobre la tolerancia, la amistad y el  valor. El brillante tono poético, que no descuida la intriga, al escritor se le ocurrió "por intuición", como elige los tratamientos de sus libros.

    Siguiendo esa intuición, Mankell se trasladó a la ciudad de Maputo, cerca de la frontera sur de Mozambique. Tras ser reconocido en su país como dramaturgo, el escritor se propuso conseguir un punto de vista más ambicioso en su literatura y, para ello, sintió que debía salir de Europa. Desde entonces Mankell ha escrito desde África buena parte de sus casi treinta libros publicados. Asesinos sin rostro, publicada en Suecia en 1989 y que saldrá en Tusquets a primeros de febrero, fue la primera de sus obras en convertirse en un éxito de ventas. A partir de entonces sus novelas, en particular la saga de nueve libros policiacos, multipremiados, traducidos a 23 idiomas y adaptados para la televisión, han vendido varios millones de ejemplares sólo en Europa. Una buena muestra de ello es La quinta mujer, sin duda una de las novelas policiacas más originales y sugerentes de los últimos tiempos. Sin desdeñar la compleja sicología de sus personajes y apegada a un realismo irreprochable, La quinta mujer cuenta la aparición de un psicópata en la tranquila sociedad sueca contemporánea. El responsable de guiar la investigación, muy a pesar suyo, es el inspector Kurt Wallander, jefe del departamento policiaco de Ystad. Como el Comisario Maigret de Simenon, el inspector Kurt Wallander trabaja en equipo y su personalidad no tiene nada de extraordinario. De hecho, es aún más parco que Maigret. No tiene paciencia para hablar en público, pero sí para escuchar a colegas o testigos y su capacidad para resolver crímenes se debe a su sentido del deber. Wallander comete errores por el cansancio, olvida datos importantes, tarda en establecer conexiones que al lector le podrían parecer evidentes, nunca tiene a mano papel para apuntar las declaraciones de los testigos y en suma, es una persona de carne y hueso que se golpea constantemente con las esquinas de las mesas, lo cual le añade gran tensión a sus investigaciones.

    Uno de los puntos más interesantes de La quinta mujer es el hecho de que los investigadores, empezando por el héroe, no han perdido su capacidad de asombro. Al contrario de lo que ocurre con muchos de los inverosímiles detectives literarios, Wallander y su equipo se estremecen sólo de pensar en el culpable de las muertes: "¡Pero si estas cosas no pasan en Suecia!", se sorprenden. Y es que para visualizar la naturaleza del asesino que encabeza la trama, uno tendría que pensar en el Peter Lörre de M, el asesino de Düsseldorf o al Anthony Hopkins de Psicosis. Ante esa perspectiva uno de los policías piensa renunciar, dos más disimulan su preocupación argumentando que están resfriados y el director de la investigación siente que le flaquean las rodillas cuando debe acudir a un nuevo escenario del crimen. Al mismo tiempo que desarrolla su intriga vertiginosa, el autor, como es su costumbre, examina el tema de la justicia hoy en día y se pregunta si no se estarán volviendo borrosos los límites entre el deseo de venganza y la aplicación de la ley.

       Después de un viaje por Italia, de regreso a África, Henning Mankell  concede su primera entrevista a un medio en castellano.

     

    -Sus primeros libros traducidos al español, La quinta mujer y El perro que corría hacia una estrella utilizan tonos y recursos tan opuestos que parecen provenir de dos escritores distintos. Por un lado, una novela de intriga irreprochable, llena de suspenso y personajes memorables; por la otra una narración lírica dirigida a los jóvenes, a partir de imágenes  que provienen de la infancia. ¿Cómo desarrolló estilos tan diferentes?

    -Siempre estoy cambiando la forma de mis novelas -y también escribo para el teatro o el cine. Esto se debe a que, como cualquier campesino, creo que nadie debería plantar la misma cosecha dos años seguidos. Además, dedicarme a muchas cosas es un reto personal que me obliga a desarrollar la escritura.

    -¿Por eso se fue a vivir a África?

    -Sí -concede-. Básicamente fue por motivos racionales. Necesitaba encontrar un punto de vista fuera de Europa para ganar una imagen del mundo más compleja. Allá trabajo de seis a ocho horas diarias, y escribo en promedio unas cuatro páginas al día.

    -¿Tiene una cuota diaria?

    -No, para mí un buen día de trabajo tiene que ver más con el tiempo que logro trabajar que con el número de páginas que escribo.

    -Quien lea La quinta mujer tendrá la impresión de que usted se propuso evitar buena parte de las convenciones de la novela criminal. Cuando usted escribió este libro, ¿tenía la intención de romper con las fórmulas convencionales de la novela negra? ¿Se propuso escribir una historia realista y verosímil?

    -Yo nunca me he visto a mí mismo como un escritor de novelas policiacas. Creo que más bien estoy en otra tradición donde se usa el espejo del crimen para examinar a la sociedad, los tiempos y el mundo en el que te tocó vivir. Cuando me preguntan cuál es la mejor novela criminal que he leído, invariablemente respondo: Macbeth, de Shakespeare. Nadie la calificaría como una historia criminal, pero es precisamente eso, al igual que El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad. Con esto quiero decir que no acepto incluir ningún tipo de estereotipos en mi trabajo.

    -El protagonista de La quinta mujer, el inspector Kurt Wallander, es un detective reservado y meticuloso que se resiste a hablar en público, no fanfarronea ni responde con sarcasmos. Siempre trabaja en equipo y la sociedad en que vive no está tan corrompida como el Bay City o Los Ángeles de Chandler. Además es olvidadizo y despistado, se enferma fácilmente, a menudo no le gusta su trabajo y su vida personal es un desastre. ¿Con este personaje tenía la intención de criticar a los héroes convencionales de la novela policiaca, rudos e infalibles?

    -En cierto sentido pretendo que Kurt Wallander sea una especie de guía, como lo fue el personaje de Virgilio para Dante. Supongo que Wallander tiene mucho de antihéroe. A veces tiene miedo, siempre se está preocupando; pero por otro lado también es un policía experto y sabe que para resolver los crímenes debe averiguar qué es lo que está cambiando en la sociedad, lo cual lo obliga a ser un poco anarquista y a saltarse las reglas oficiales de vez en cuando.

    -¿Cual diría que es su método para mantener el suspense?

    -Siempre me imagino que tengo una página para atrapar al lector, y que después será demasiado tarde. También me gusta imponerme retos, como por ejemplo, contar los hechos más importantes no al final, sino al principio de cada historia. A partir de entonces -no cabe duda Mankell se está divirtiendo- el suspenso consiste en contar una historia sobre las razones por las que mis personajes no resuelven una situación tan rápidamente como el lector.

    -La lista de los sicópatas que pueden encontrarse en el cine y la literatura ha crecido notablemente en la última década. ¿Qué opina de este fenómeno?¿El interés de la sociedad por los llamados "asesinos en serie" le parece significativo?

    -Es un hecho que estamos viviendo en la época de los "asesinos en serie". Y no es una ocurrencia mía: es un hecho que en todo el mundo ha aumentado de manera impresionante el número de los asesinatos "en serie". No sabría decir por qué, pero tiene que ver con que ha disminuido el respeto hacia los derechos humanos más elementales. El valor actual del hombre, por decirlo de manera figurada, es mucho menor al que tenía hace quince años.

    -Suecia aparece en sus libros como otro personaje. Por ejemplo, en La quinta mujer la sociedad civil de Ystad se llena de indignación ante los crímenes y su actuación tiene un peso importante en el desarrollo de la trama.

    -Estoy de acuerdo con usted. La sociedad y la época siempre tienen un papel importante en mis novelas.

    -¿Incluir el mundo real le sirve para incrementar el suspenso de la ficción?

    -En general, la época y la sociedad me parecen tan importantes en el desarrollo de la trama como el resto de las personas involucradas en la historia. Me parece que así ocurre con cualquiera de nosotros en la vida diaria.

    -¿Cuál fue la idea que originó La quinta mujer?

    -Todo lo que escribo está basado en algo que desconozco pero me gustaría entender. Nunca puedo escribir sobre un asunto si no me parece que contenga muchas interrogantes. Para La quinta mujer pensé en la gente que cree que el sistema de justicia ya no es apto para castigar el crimen, y me preguntaba por qué cada vez hay más gente que piensa que  debe tomarse la justicia por su mano.

    -¿Y por eso incluyó aquel epígrafe? (La novela comienza con un proverbio popular africano que dice: "La tela de araña teje con amor y esmero su araña".) ¿Quería sugerir que son las sociedades modernas quienes provocan la aparición de  sus propios fenómenos criminales?

    -No estoy muy seguro. Probablemente me interesaba enfatizar que con frecuencia debemos examinar la mayoría de las certezas que tenemos sobre la vida. Pero es evidente que, en un contexto más racional, puse ese epígrafe en el sentido que usted propone: para indicar que es innegable que somos animales políticos, cualquiera que sea la definición que ofrezcamos de nosotros mismos. Y en ese sentido, la delincuencia es una creación de la sociedad. Supongo que una buena manera de entender una sociedad es mostrándola en "el espejo del crimen".

    -Una de las cosas más fascinantes del libro es que sus detectives son seres humanos impresionables. ¿Cómo mantiene la integridad de sus actores?

    -Tratándolos con honestidad. Yo nunca me rehúso a presentar el lado negativo de mis personajes.

    -Supongo que con frecuencia sintió la tentación de hacer de Wallander un detective más agresivo o más perspicaz. En cambio usted prefirió respetar las limitaciones del personaje y dejó que fuera él quien decidiera cómo actuar y en qué momento hacer deducciones. ¿Cuáles  fueron las reglas que observó para llegar a esto?

    -En todo lo que escribo observo una sola regla: la regla de la vida. Esta dice: "la única prueba de que algo es real surge cuando cambia ese algo".

    -Eso parece otro proverbio africano. Y a propósito, ¿le interesa la opinión de la crítica?

    -No. Prefiero la de mis hijos. Sea lo que sea que esté haciendo, me parece más importante lo que les cuento a ellos.

    -Por último, y recuperando la experiencia de vivir en África durante todo este tiempo, ¿cómo definiría una novela?

    -Una novela es un paisaje donde hace falta una carretera. Y la labor del novelista consiste en construir ese camino.

     


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